martes, 20 de marzo de 2018

Bitácora: Palermo


El 28 de diciembre mis padres me obsequiaron una maleta. El 14 de enero salí. Nadie se atrevió a llorar, aunque mi madre lo hizo y le sonreí. Muchos dicen que eso era difícil, no lo fue, la verdad. Lo difícil viene cuando hay certeza de no poder volver a atrás.

Me gustan las medias lunas dulces. He aprendido a tomar café sin azúcar, a dejar pasar el tiempo y entender que no siempre me van a ayudar. Resulta que encuentro la manera de sobrevivir, que soy mi psiquiatra y un banco de plaza está bien. A veces, soy un objeto en exhibición y otras pocas una cascara a merced del viento.

No tengo miedo de perderme, tengo miedo de no tener dónde volver. Entonces capturo imágenes satelitales para tomar el bondi 36, el subte D, cruzar la esquina; encontrar la calle que lleva a mis sábanas, que son mi único hogar.

Memorizo palabras que no debo decir. Camino y gasto los zapatos. Camino y todo mal, pero qué lindo se ve el paisaje cuando miro hacia arriba.
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